El signo, la duda, el vocablo

Alberto Roblest

“Un nombre que seguramente no era el suyo, porque él no quería ser nombrado y ella respetaba su deseo expreso a fin de respetar todos los deseos implícitos también: ella estaba aprendiendo a ocuparse de lo invisible a través de lo que podía ver, y de lo visible a través de lo que no podía ver...”

(Carlos Fuentes, Gringo Viejo)

           En el principio fue el caos, después vino la palabra y seguida de ésta la abstracción; concepto suave, moldeable como un pedazo de arcilla o un trozo de madera. Aunque quizá –siempre cabe la posibilidad- de que todo fue a la inversa; esto es, que primero fue la abstracción, después nació la palabra y al final el caos…¿quién sabe? Por lo menos así me sucedió a mí, por algún tiempo detesté la literatura, más bien no la literatura, sino el hecho mismo de leer...Fue terrible, un enfrentamiento entre mi lógica revanchista y la realidad circundante; palabras que pasaban adheridas a los costados de los autobúses, a las fachadas de los negocios y en las camisetas de las gentes en la calle. Palabras que se encontraban por todas partes; en los andenes del metro, las estaciones, en las esquinas de la ciudad, en los grandes espectaculares arriba de los edificios, era por demás...Dejé la escuela por un año, mi padre montó en cólera, aquello no era desde su punto de vista, sino una afrenta, un atentado a su autoridad y a sus deseos, una declaración de guerra. Su respuesta fue tajante, “bien, como ya no quieres estudiar, irás a ayudarle a tu abuelo en la bodega”- y cerró la puerta a sus espaldas...

¿Pero cuál era el origen de aquella actitud pre-Gutemberg?

            A los nueve años, sino mal recuerdo, mi padre y yo hicimos un trato. El me permitiría salir a jugar con mis amigos al parque, ir en bicicleta hasta el colegio en el verano y además, llevarme a la matiné los domingos...solo y solo sí, yo me sentaba con él después de la comida a leer por una hora y media todos los días  “¿qué te parece?”- preguntó. La idea de la matiné resultaba demasiado jugosa como para dejarla escapar, así que acepté. Al principio fue dificil; me quedaba dormido, no entendía o sencillamente no ponía atención; ni qué decir de las múltiples ocasiones en que me embobé mirando el vuelo de una mosca. Sin embargo, no tardó mucho aquello en cambiar. Pronto me interesé por las historias, las aventuras que en ellas se desarrollaban, sentí amor por los personajes, odio por los villanos, sudé, lloré y mi mente comenzó a volar por los aíres. Pronto me encontré invirtiendo más tiempo leyendo que jugando con mis amigos que comenzaron a mirarme con extrañeza “¿y a éste?... ¿qué le pasa?”. De los cuentos, pasé a la novela y de ésta a la poesía. Supe que “un jardín no es lugar y que por un sendero de arena rojiza entramos a una gota de agua” (Paz).  Para cuándo cumplí los catorce-quince años, era ya un jovencito alegador e hiperactivo que a los maestros ponía en aprietos y no caía bien a sus compañeros. Creo que en el fondo estaba confundido,  el camino bajaba y se bifurcaba, entre las ya confusas praderas. Una música aguda y como silábica se aproximaba y se alejaba en el vaivén del viento, empañada de hojas y de distancia” (Borges).

            Como mi insensatez no era tanta, dado que la otra opción como respuesta a aquel ultimátum paterno era irse de casa, comencé a trabajar de 9 a 3 de la tarde apilando cajas de refrescos y bultos de frijol y arroz que también tenían palabras...¡oh!, al parecer mi destino era inevitable.

            Una tarde, después de mi monótono pero arduó trabajo, caminaba yo por el  centro de la Ciudad de México, cuando vi que un grupo de jóvenes, entre ellos una chica muy linda, entraban a un viejo recinto colonial de donde salían estudiantes. Decidí seguirlos, aquella chica llamaba fuertemente mi atención y traspasé el umbral de lo que después supe era el edificio de San Idelfonso, nunca había estado ahí, así que mi impresión fue muy grande. Por si fuera poco, el maestro Octavio Paz daba una conferencia en torno a la poesía y el imaginario simbólico, si bien recuerdo, el caso es que de pronto me encontré sumido en aquel auditorio de techos altísimos, hipnotizado por las palabras de aquel hombre –de quien sólo conocía El Laberinto de la Soledad- que caían como golpes en mi conciencia a pesar de su voz suave y su acento bien timbrado. De pronto me encontré flotando en la oscuridad como un astronauta en la estratósfera, la luz desapareció a mi derredor,  las personas también y de ahí hasta el final hubo solo un haz luminoso sobre el poeta, más tarde la sala estalló en aplausos. La chica desapareció,  sus amigos también. No podía moverme, el auditorio comenzó a vaciarse...una cosa sí recuerdo y es que al salir de ahí, tenía una fuerte convicción: regresaría a la escuela, quería conocer más de la poesía, más de la imaginación, más del lenguaje, más de las “palabras / que se deslizan como suaves uvas / o que a la luz estallan...” (Neruda)  Aquella noche escribí mi primer poema.       

                                                                                 II

“The movie in not only a supreme expression of mechanism, but paradoxically it offers as product the most magical of consumer commodities, namelly dreams. It is, therefore, not accidental that the movie has excelled as a medium that offers poor people roles of riches and power beyond the dreams of avarice.”

                                                                                                    (Marshall McLuhan, Understanding Media)

            Por azares del destino, me encontré enrolado en la carrera de Comunicación –de la Universidad Nacional Autónoma de México- y no en la de Literatura como yo hubiese deseado, en parte por culpa del sorteo de una universidad cuyo cupo es limitado y otro tanto por lo que algunos llaman mala suerte. Los primeros meses no me encontré nada a gusto, sin embargo tomé el consejo de mi madre: “estudia un año ahí, ¿qué te quita?, sino te gusta pides una permuta  y san se acabó...” y así lo hice, aunque no pasé un año ahí, sino más de diez; parte como estudiante y parte como maestro. En esa escuela tuve mi tercer encuentro con el lenguaje; con la lingüística y sus reglas, con la semiótica y los símbolos, con la fonología, con la teoría crítica, la información, con el periodismo, con la literatura comparada y conmigo mismo como persona. Estando ya  en mi tercer año y a punto de entrar a las materias de mi área espécifica (medios audiovisuales) me encontré con una de las personas que mas influirían en mi vida profesional, Pola Weiss, artista del video, poeta del performance y teórica de la televisión alternativa. En su idea, la televisión, un medio “frío”, unidireccional y de consumo, podía convertirse en un medio “cálido”, inclusivo, documental y artístico. Fue ella –recién desempacada de Londres- quien me puso al tanto de algo que en Nueva York comenzaba a conocerse ya como videoarte y  a exhibirse en las galerías, “una corriente muy parecida a la pintura”, dijo, “algo diferente, algo más parecido al cine de arte que a las telenovelas, algo con alma e inspiración...”- remató.

                                                                                                                                  

  “Our new electric technology now extends the instant processing of  knowledge by interrelation that has long ocurred within our central nervous system. It is that same speed that constitutes ‘organic unity’ and ends the mechanical age that had gone into high gear with Gutemberg. Automation brings in real “mass production”,  no in terms of size, but of an instant inclusive embrance. Such is also the character of  ‘mass media’...” (McLuhan)  

           Con la misma intensidad con que regresé la noche de la lectura del maestro Paz en San Idelfonso, me ocupé no sólo de devorar libros de teoría y semántica cinematográfica, de estética de la imagen y semiótica, de escuelas de cine, arte electrónico y personalidades, sino de asistir al cine lo más posible, sobre todo cuando programaban filmes de directores como Buñuel, Welles, Godard, Tarkovsky, Wenders, Greenaway,  Fellini, Kurosawa o Jorodowsky entre otros. )“A work of art, understood dynamically, is just this procces of arranging images in the feelings and mind of the spectator...” (Eisenstein)

¿Pueden la literatura y los lenguajes audiovisuales ser compatibles...?- volví a preguntarme.

           Al egresar de la universidad me encontraba más que reconcliado con mi padre por aquella primera invitación a la lectura, más felíz que nunca por haber sido sorteado en la escuela equivocada, orgulloso de que mis posibilidades de expresión se habían ampliado a través de otros medios como la foto, el cine y el video.  Pensé incluso que era un tipo con suerte, aquel año no sólo publiqué mi primer libro de poesía y filmé mi primer cortometraje en cine Super 8,  sino que también logré que me aceptaran como profesor asistente de don Fedro Guillén –periodista del diario “Excelsior” y excelente maestro de gramática y redacción- en una de mis materias preferidas por aquella época: Literatura y Sociedad. 

            Los roles cambiaron y de estudiante pasé a ser maestro y mentiría si dijera que no estuve nervioso las primeras veces que estuve frente a un grupo de jóvenes a los que debía  enseñar, ¡cómo no!, y no es que estuviera mal preparado, me sintiera inseguro o que alguno de ellos me intimidara en particular, sino que me incomodaba aceptar que estar frente a aquellos jóvenes, con los cuales me preocupaba ser claro en lo que estaba diciendo, era una gran responsabilidad; no quería repetir datos, ser una máquina de fechas, un hombre detrás de una máscara; quería hacer por ellos –modestamente- lo que habían hecho por mí  las palabras de Paz y de Pola, sentí que era mi turno el pasarles la estafeta del conocimiento a ellos, generar preguntas en sus mentes, dudas, juro que me esmeré, fueron ocho años enseñando Técnicas de Información por Cine, Literatura y Sociedad, Literatura y Periodismo, Evolución del Lenguaje Audiovisual, conduciendo talleres de redacción, de investigación, de crónica, en fin, años hermosos en la UNAM.                            

Paralelamente a la docencia, comencé a estudiar una maestría en Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad, dado que para esas fechas me interesaba mucho en la estética, pues pretendía yo responder algunas preguntas que a través de los años de trabajar en los campos del video y de la poesía paralelamente, seguían sin ser contestadas. De lo que sí estaba cierto, era de que no pretendía poner cualquier grupo de  imágenes a un poema, ni simplemente ilustrarlo, ni tener un talking head en pantalla, sino que deseaba encontrarle el ritmo, la entraña, quería  sentirlo, vivirlo, sufrirlo, hacer algo más... 

  Partiendo del supuesto de que el cine es lo que la novela a la literatura -y más aún, sabiendo que las mejores películas han sido primero novelas o cuentos- , ¿podría  afirmarse acaso, usando la misma analogía literaria, que la poesía es lo que al video?, más aún,  ¿puede hablarse de una literatura electrónica, de una poesía visual,  de una poesía-bits...?

                                                                          III

                                                                                    

                      “Think of hypermedia as a collection of elastic messages that can strech and shrink in accordance with the reader’s actions. Ideas can be opened and analyzed at multiples levels of detail” 

                                                                                                                                             (Nicholas Negroponte, “Being Digital”)

            Es bien sabido que la tecnología es una extensión de nuestro cuerpo; el martillo lo fue del puño, la pala y la cuchara de la mano, la carretilla de los brazos, los binoculares y los telescopios de nuestros ojos, el radio y el teléfono de nuestra voz,  la fotografía de la memoria, el cine de nuestros sueños, la televisión del espejo, los vehículos automotores del desplazamiento y en ese orden de cosas, la computadora lo es de nuestro cerebro.

            Nos encontramos en un punto climático de la historia de la cultura occidental; tanto en sus formas de ver, sentir, pensar y de organizarse -de entrada hemos decodificado el génoma humano, dígase DNA y comienza a hablarse ya del posthumanismo-. Vivimos la segunda gran revolución tecnológica después de la Revolución  Industrial y estamos ya en pleno siglo XXI  -donde seguramente pasarán muchas cosas- y lo que parece evidente, es que pasaremos de la virtualidad contemplativa (la televisión comercial), a la virtualidad interactiva; dígase Realidad Virtual, el Internet (¡cómo se parece al Aleph! ¿no creen?) , el CDROM  (Lewis Caroll), los interactivos, etcétera. Esto es, del relato unidireccional y unidimensional, a la posibilidad de múltiples “opciones”, respuestas y  galerías como en el cuento “La Biblioteca de Babel” del maestro Borges.  ¿Puede la poesía entonces tener audio e imagen, además de vocablo? ¿Condenaremos a la poesía a las líneas de una hoja de papel...? ¿o es posible dejarla que se nos presente y se abra ante nuestros ojos como un abanico de luz, color y movimiento...? ¿Puede hablarse, como en el cine, de la adaptación de un poema a video? ¿Tendrán algunos poemas más capacidad de adaptación que otros? ¿Cuáles son los elementos extralinguísticos que se ponen en riezgo? ¿Será acaso que el video limita las múltiples posibilidades de lectura que ofrece un poema? ¿No estaremos haciendo de la poesía algo puramente decorativo? ¿Qué es lo esencial en un poema, las imágenes, las palabras, su estructura formal...qué?

            Ya para estas fechas escribía yo en las revistas “Nitrato de Plata” y “Casa del Tiempo” en torno a nuevas tecnologías, arte electrónico, cine contemporáneo y por supuesto poesía. Creía que el mundo era mio.

                                                                                        IV

-Aquí  -dijo en viéndole don Quijote- podemos, hermano Sancho Panza, meter las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras...

                                                               (Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha)  

            Por razones de la vida y circunstancias dejé inconclusos mis estudios de maestría, aunque debo aceptar la poca motivación que recibí de parte de mis profesores que no entendían qué pretendía yo, qué buscaba. La verdad era que la mayoría de ellos me veían extrañados cuando empezaba a exponer mi búsqueda:  hacia una definición de contenido estético en video...¡what!  mmmm, que de la poesía y el video, dos artes que coinciden...¡what!  En parte por cerrazón, en parte por desconocimiento, el caso es que me desanimé en serio, de nada valieron mis esfuerzos, de un día para otro abandoné mis estudios, fue muy triste lo recuerdo dado que no acostumbro a dejar las cosas a medias. Fue dificil, sin embargo sobreviví. Decidí continuar no solo haciendo poesía y haciendo video experimental, sino leyendo todo lo que caía en mis manos en torno al tema... En l992 el Consejo para la Cultura y las Artes de México me otorgó una beca de creación  para la realización de dos piezas de videoarte y lo mejor de todo, que gracias al video he podido visitar lugares que de otra forma jamas hubiera tenido la oportunidad de conocer.  Para l994  (en parte, también gracias al video) no están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, conocí a mi mujer, trabajaba de corresponsal internacional para el diario “The Dallas Morning News” y la revista “America Economía”, fue en una reunión de videastas independientes a la que ella también había sido invitada como periodista, nos enamoramos, nativa de Boston, al casarnos, nos mudamos para aca al fallecer su madre, y desde l996 hemos hecho de Boston nuestro hogar, ella escribiendo para diferentes publicaciones, yo enseñando español, ambos trabajando en un proyecto documental.

Una de mis primeras actividades ya estando en mi nueva ciudad y siendo miembro del grupo de artistas y curadores VideoSpace, fue la organización y curaduría de la muestra de video “Truth and Consequences: mexican short documentaries” efectuada en la galería de arte contemporáneo Mobius,  y a la cual le han seguido, “Multiple Vision” y el intercambio entre Boston y Guadalajara “Charros del Video: a round up Guadalajara’s best short videos” recién celebrada el mes de mayo pasado. Entre otras como "Wilde Ride" o la retrospectiva "VideoEspacio". A la fecha  (además de mi trabajo como tutor literario y maestro de español) me encuentro trabajando-experimentando en lo que he denominado en principio, un videolibro de poesía.

He tenido que regresar a México en muchas ocasiones, por diversas razones. La primera fue la mas triste, fue a los tres años de haberme ido, mi abuela paterna estaba muriendo y antes de hacerlo, quizo vernos a todos los nietos. La segunda fue al siguiente año, tuve que regresar para poder terminar el video "Continete de la Nada", me bloqué gruesisímo, el maldito video no salia, no me gustaba, ningún audio cuadraba, llegue a pensar incluso que las musas del arte, la inspiración y sus amigas, me habían abandonado. Fue horrible. Tomé el avión con mis imágenes originales, en la depre total y en el drama, y no van a creerlo, pero inmediatamente toqué tierra azteca, la música y todo el audio del video pareció armarse, así, como de magia.  "Continete de la Nada" es un video al que apreció de manera especial, basicamente porque representa un exorcismo con mi patria, después de eso nos perdonamos y tan amigos como antes, y desde entonces, paso la mitad de mi tiempo en ella; viajando por su subsuelo, documentando sus esquinas, perdiendo la cabeza en las ideas y a veces en las cantinas. En fin, heme aquí, siempre en dos ciudades, a veces en tres.  Rastreando las vasos comunicantes y coincidentes entre las dos vertientes del lenguaje que mi me obsesionan. Apostando por:  pensar en imagen, ver en poesía, una vez más y por siempre, hasta que las musas, las fuerzas, o algo... Heme aquí, aprendiendo, en el camino eso espero, que es lo más importante.                                                                                                                                                                         

                                                   (texto aparecido en la revista FELIX # 3  www.e-felix.org )


Bibliografía:

Carlos Fuentes, Gringo Viejo, Fondo de Cultura Económica, México l986

Marshall McLuhan, Understanding Media, MIT Press, USA l994

Jorge Luis Borges, (El jardín de senderos que se bifurcan) Ficciones, Alianza Emece, España l990

Octavio Paz,  (Cuento de dos jardínes), The Collected Poems l957-l987, Carcanet Press, Great Britain l988

Pablo Neruda, (Oda al diccionario), Odes to Common Things, Bulfinch Press, USA l996

Noam Chomsky, Language and Problems of Knowledge,  MIT Press, USA l988

Sergei Eisenstein, The Film Sense,  HBJ Press, USA l975

Nicholas Negroponte, Being Digital, Vintage Books, USA l996.

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Unidad Editorial-Colección Millenium, España l999.                

 


     

 

 


VIDEO 2 : Unidad de producción independiente formada por César Lizárraga y Alberto Roblest. 

Creada en l988 a partir de la ruptura del grupo denominado "Cada Quién su Rollo", funcionó a la perfección hasta el año de l996. Por diferentes razones y circunstancias de la vida sobre todo, el grupo se separa, no sin haber dejado su pequeña huella en el video mexicano de los 80s. Los momentos más importantes del grupo son: haber sido seleccionados con "Pedro Martir ", a participar en la muestra itinerante europea denominado "Ecrans Du'Mexique", con función de gala y toda la cosa en "La Maison du la Amerique Latine" y en la "Maison du Mexique", en pleno corazón de Paris. Y la "puesta en escena"- instalación de "Asesinato en Masa o para Matar a la Televisión " en la explanada del Museo Rufino Tamayo en año del 93. Además de festivales, muestras, performances y borracheras memorables, entre otras cosas.

 

 

 

 

                 

 

 

 


 

alberto roblest

        elspanish@hotmail.com  

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