Cuando el video se hizo documental

                                                                                   Octavio Lasane

    A quienes gusta desprestigiar al video o simplemente ubicarlo como al hijo bastardo del cine, quizá habría que darles algo de razón al referirnos al documental como genero electrónico, ya que de una u otra forma, el videodocumental continúa con la tradición de espejo de lo social, y no existe una fecha exacta de su nacimiento, de ahí que los teóricos gusten mas ubicarlo como una continuación del cine documental.

    El primer cine fue el documental. Cuando los hermanos Lumiere, a finales del siglo XIX registraron la salida de los obreros de su propia fabrica, estaban sin querer creando un género que después se convertiría en movimiento y crearía escuela. Desde entonces la intención documental ha sido constante en el cine y ha cambiado. Actualmente no se vale un registro de hechos ocurridos, sin un fuerte respaldo de objetividad, aunque ésta se parta en géneros; desde los cortos educativos hasta el neorrealismo italiano. Documentar no significa sólo registrar, tampoco manipular la información Aunque es inevitable que el documentalista no elija dentro de esa realidad y la dote de significado y de estructura, para una intención determinada.

    Gracias al video, el documental se revitalizó al pasar de manos de especializados documentalistas y ricos productores, a manos de grupos marginales, indígenas, o simplemente videastas independientes en busca de otra verdad que la no oficial o la televisiva, sin mencionar por supuesto sus bajos costos de producción, realización y postproducción. No se trata entonces de descubrir al video sólo en su dimensión social, como tampoco de reducirlo a una fórmula, sino de esforzarnos en encontrar las características particulares de este género y todos sus pros para quienes sienten la necesidad de expresar su opinión o simplemente documentar lo que puede ser histórico; ya porque testimonia un hecho social, atestigua un hecho político o porque presenta acontecimientos de otra manera desconocidos para la opinión pública.

    Su característica principal es quizá la ausencia de dramatización –aunque se vale hoy en día-, ya que básicamente describe y expone. Su información esta basada en el mundo real y en el rigor metodológico. El documentalista recoge su material en el terreno de los hechos y llega a conocerlos íntimamente para ordenarlos. Su método no describe los valores superficiales de un tema o acontecimiento, sino que intenta revelar su profundidad, interpretándolos.

    En el documental la gestualidad es espontánea, los actores son sujetos de la vida cotidiana –característica robada de este género para los programas de reallity televisión como el Big Brother o la Academia-, por lo cuál crea el efecto de intimismo. Al ser la cámara un simple escáner de la realidad o su fotografía continua, lo que expone es el relato vivo, la escena viva en el lugar de los hechos. Expone las causas y los efectos, los puntos de vista y en ocasiones encuentra soluciones. Su fondo es la noticia, la información a cuadro el acontecer social y cotidiano, su técnica fundamental, la del reportaje, aunque en ocasiones emplea la crónica. Es periodístico en cuanto que su contenido esta basado en la investigación y en la interacción de los sujetos y el realizador, esto es, que exige de la convivencia proxémica entre los sujetos involucrados y en algunas ocasiones, también, el desplazamiento físico tanto del equipo técnico cómo del equipo humano. Las características que más se aprecian en el campo del documental son: el valor, la integridad, la objetividad y la entereza.

    Entre los tipos de documental podemos encontrar: el político, el ecológico, el científico, el comunitario, el educativo, el propagandístico o activista, el indígena, el alternativo y hasta la ficción documentada. Y entre los teóricos más importantes de éste género mencionaremos a Dziga Vertov, Alexander Ivanovitch, Jean Vigo, John Grierson, Paul Rotha, Joseph Flaherty, Karl Freund, Luchino Visconti, Roberto Rosellini, Carlo Lizzani, Michael Moore y Earl Morris, entre otros, pasando por los documentalistas cubanos, brasileños y chilenos, un buen ejemplo es Costa Gavras.

    En cuanto a México, a pesar de que la producción de documental es y ha sido incipiente, contamos ya con una buena tradición de cine y video documental de mucho tiempo; bastaría por mencionar el ya clásico del movimiento estudiantil del 68, "El Grito" de Leobardo López o de Adolfo Best Maugard, ‘Humanidad’ de l934, aunque no existe un catalogo o una base de datos de éste material valiosísimo. Mención especial merecen en éste rubro, los videos realizados por directores como Ibarra, Menéndez, López, Mendoza, Álvarez, Martines, Guzmán, Islas, Mora y Barco, entre otros muchos cuyas temáticas van de los movimientos políticos, a la problemática indígena, pasando por cuestiones de cultura popular, ecológica, movimientos urbanos y de denuncia.

    Dos de los temas que más siguen generando documentales de todo tipo hoy en día, son el tema de los niños de la calle y el movimiento zapatista en Chiapas. Solamente de este último, existen unos 30 videos hechos por videastas independientes, unos 12 mediometrajes y otro tanto, de programas de televisión. Uno de los más conocidos es quizá "Caminito de la Selva" del canal 6 de julio o el otro realizado por la televisión italiana: "Zapatistas: Movimiento contra el neoliberalismo".

    Ejemplo de integridad es el documental de Barbara Trent: "La decepción de Panamá" que en l992 ganó el oscar para el mejor documental, con todo y la fuerte denuncia que hace del gobierno norteamericano, la CIA, el Pentagono y todas las otras instituciones implicadas en esta sucia y sangrienta invasión militar.

    Cuando la verdad es cada vez más difícil de encontrar en esa maraña apabullante de información, no sólo televisiva, la relevancia del video documental radica en que nos permite tener una visión diferente de los hechos, un punto de vista mas libre –y menos amañado- del acontecer social. Dado que el tipo de trabajo no alineado nos permite acercarnos a todos aquellos que no tienen aún hoy en día, una voz con la cual expresarse; sean sujetos detrás de una cámara o actores frente a ella, como fue el caso de los videastas indígenas, que hoy en día producen su propio material en lugares como Oaxaca o Mérida. Ojalá y no pase mucho antes de poder ver una muestra decente y sin censura de este material que finalmente nos interesa a todos, por el bien de la memoria colectiva.

    Un minuto y antes de que se me pase o se me olvide, un aplauso a los directores y organizadores de los festivales de video y cine documental alrededor del orbe, porque ya lo diría el poeta: solo la verdad nos hará libres. ¡Felicidades!

         

                                          Tomado de la revista "Visión Múltiple", número 7, Marzo de l995,

 


alberto roblest

        elspanish@hotmail.com  

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