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(parte 1)

 

 

 

Cultura tóxica  versus la antitelevisión

Ponencia leída en el II Congreso de Contracultura

 

alberto roblest

 

Somos la anti televisión y queremos estar al aire.

 

 

 

 

 

Universidad de Guadalajara

Campus Lagos de Moreno, Jalisco México, Nov 12-19, 2004

 

 

 


 

 

 

 

 

“En un sistema totalitario no esta permitido criticar al gobierno, en un sistema capitalista no esta permitido criticar al patrocinador”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No habrá democracia si no hay una apertura de los medios masivos; si no hay un debate en torno a como se maneja la información, y no habrá comunicación si existe un solo parlante unidireccional y todo poderoso que impone sus gustos y opiniones

 

 

 

 

 

 

 

¿Díganme ustedes, ven acaso algo positivo en este tipo de programas de televisión; enaltecen la cultura, enriquecen el arte, la sensibilidad, el gusto, motivan la imaginación, proponen narrativas, estéticas, educan, promueven algún tipo de valor, qué carajos? Morbo, vulgaridad, chisme, melodrama, incultura, discriminación, envidia, chantaje, corrupción, estupidez, banalidad, miseria espiritual, onanismo, delación, entre otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Es posible un proyecto nuevo de nación...de televisión?

 Bueno, pues entonces jodámonos todos juntos y sigamos en la ruta y el destino trazado; seamos más pobres, más incultos, más tontos, más explotados y saqueados, más envilecidos, más malinchistas, más dependientes, más alcohólicos y más enfermos... más jodidos pues.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                    -I-

 

No voy a comenzar esta ponencia definiendo lo que es contracultura dado que hay mucho escrito sobre el tema. Tampoco hablaré de la historia de la contracultura, ni recitaré listas de nombres o momentos contraculturales. No mencionaré libros, menos citas o frases célebres. Tampoco me desnudaré, ni me masturbaré frente a ustedes.  Lo que si haré, será robarme una línea pintada en los muros de Davos: “En un sistema totalitario no esta permitido criticar al gobierno, en un sistema capitalista no esta permitido criticar al patrocinador”.

Entonces eso haré. Acuso al monopolio de la televisión mexicana de haber dañado la mentalidad de generaciones de personas, los acuso de tergiversar la realidad, de comercializar y politizar la información, además, de trivializar la cultura y mediatizar la verdad. Si culeros, los acuso de mentirosos y de ojetes, de manipuladores e inmorales. Los acuso de lavado de cerebro, pero sobre todo, los acuso de abuso, puercos, que en las cortes internacionales es un cargo fuerte, ¿cómo ven?  No me digan que no sabían cerdos.

En el artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos se lee: “Todos tenemos el derecho a recibir y transmitir información... a opinar sin interferencia a través de los medios disponibles y expresar ideas más allá de cualquier frontera ...”  Suena bien, ¿qué no? En teoría, un derecho muy bonito que se ve sentado en el papel, pero más allá de eso, como otros tantos derechos “expropiados”,  no es nada.

No sé como ni en que momento un puñado de vivales se apropió de las ondas hertzianas, de la opinión pública, de la verdad y hasta de la comodidad de nuestra sala y de nuestra psique... Bueno, si sé, esta documentado. Lo hicieron a través de los políticos, a través de quien más. Gracias a los jueces que favorecen a los poderosos y a otros servidores públicos de dudosa credibilidad y poca ética. Con dinero, con que más. Lo que si no sé, es en que momento se apropiaron de nuestro derecho a opinar en torno al devenir, y en torno a la Patria, y no me explico, que es peor, como podemos seguir consintiendo tal acto de totalitarismo en un gobierno que se dice del cambio. Lo primero se entiende después de sesenta años de PRI-corrupción... ¿Qué pretexto tienen ahora bajo el brazo? El caso, es que no habrá democracia, y escúchelo señor presidente, si no hay una apertura de los medios masivos; si no hay un debate en torno a como se maneja la información, y no habrá comunicación si existe un solo parlante unidireccional y todopoderoso que impone sus gustos y opiniones ¿Se puede ser dueño del espacio donde viajan las ondas hertzianas? ¿No estamos en todo el derecho de decidir que queremos ver y oír y de que forma? ¿No hay ninguna autoridad que les haga respetar los índices mínimos de credibilidad y de respeto? ¿Alguien razonable en el Senado?

-“Huy que delicado... entonces si no te gusta pos le cambias o le apagas...”- respuesta típica de vocero televisivo. No seáis pendejo, no se trata de eso. Publicistas, diseñadores, técnicos, representantes de actorcillos, malos guionistas, pésimos comediantes y “creativos”, no hacen cultura joder, por favor. Pongamos un ejemplo de “genialidad televisiva” en forma de banalidad absoluta: “El gran carnal”, o el ojo del culo, o como se llamen, donde unas cincuenta cámaras filman día y noche la patética vida de un grupo de gentes tan aburridas como comunes, compartir casa por determinado tiempo y todo lo que eso implica. La trama del bodrio es el lento proceso de interacción diaria entre estos escogidos del vulgo, y las intrigas que se generan entre ellos. Lo que aquí se exhibe sin pudor, no son sino sendas cargas de miserabilidad, egoísmo, racismo y podíamos agregar más ísmos, y adjetivos sonoros, a lo que voy es: ¿Quién ha decidido que estos programas merezcan estar al aire? El aire de todos, cuando no son sino basura para el intelecto, no digamos siquiera el más básico. ¿Díganme ustedes, ven acaso algo positivo en este tipo de programas de televisión; enaltecen la cultura, enriquecen el arte, la sensibilidad, el gusto, motivan la imaginación, proponen narrativas, estéticas, educan, promueven algún tipo de valor, qué carajos? Morbo, vulgaridad, chisme, melodrama, incultura, discriminación, envidia, chantaje, corrupción, estupidez, banalidad, miseria espiritual, onanismo, delación, me quedo corto de adjetivos caray, payasadas, pendejismos, mierda en toneladas. Y podíamos seguir enumerando programas, la barra entera si quieren. Funciona así; ellos pueden usar sexo para vender cerveza, ellos pueden usar trucos psicológicos para vender comida chatarra, o generar ansiedad en la población, ellos pueden mentir para vender autos, políticos, injusticias, fraudes, religión, lo que sea. Ellos pueden venir e imponer modelos de belleza, modelos de comportamiento y hasta formas de pensar y ver el mundo; esto es decidir por nosotros... ¿Por qué?  ¿Qué es esto...? ¿Justicia divina? ¿Por qué no poner el medio al servicio de los verdaderos hacedores de cultura; bailarines, compañías y directores de teatro, actores, escenógrafos, escritores, pintores, músicos, poetas, cineastas, videastas, asociaciones de vecinos, estudiantes, indígenas y otros? ¿Por qué ese miedo a que “los otros”, en ese caso la sociedad mexicana, tenga acceso a la televisión...? Hablamos de un país riquísimo en cultura, de un potencial enorme de individuos dispuestos a colaborar con un proyecto diferente de televisión y de nación y de planeta... ¿Es posible un proyecto nuevo de nación...? ¿No suena mesiánico, populista  y hasta medio maoísta? Bueno, pues entonces jodámonos todos juntos y sigamos en la ruta y el destino trazado; seamos más pobres, más incultos, más tontos, más explotados y saqueados, más envilecidos, más malinchistas, más dependientes, más alcohólicos y más enfermos... más jodidos pues. Particularmente creo, soy creyente, aunque no creo en Dios ni en milagros. Creo por ejemplo en las palabras de Bela Bálacz, en cuando a las imágenes en movimiento se refiere: “promovamos una nueva cultura visual que nos devuelva nuestros cuerpos, y sobre todo nuestros rostros que se han convertido en algo ilegible, desprovisto de alma, inexpresivo por el predominio secular del entretenimiento”. 

Los primeros en cerrar filas hacía este esfuerzo contracultural-antitelevisivo debemos ser los productores independientes, los artistas del video, los cineastas y documentalistas, y cualquier hacedor de historias y fantasía, pero también los educadores, los intelectuales, los artistas de otras áreas, la gente razonable... Los excluidos con cámaras e ideas vamos, los que tenemos que callarnos la boca y aguantar la exclusión, dado que un puñado de tipos de pésima reputación moral –verdaderos hampones como todos saben-, se han apoderado de nuestro derecho ha exhibir nuestros productos culturales a través de la televisión. Los mismos cínicos que desde hace una década vienen utilizando los mismos viejos pretextos para negarnos el derecho, como es el: No hay espacio en la banda. Mentira, si hay, y para más de un canal... Además tenemos satélites, si. Y al menos que me equivoque, el “sistema de satélites mexicanos” fue pagado por el pueblo, ¿qué no?  Otro de sus pretextos favoritos: Una antena es muy cara. Cierto, aunque no imposible de adquirirse, incluso se puede hacer. Afirman que el equipo de transmisión es muy costoso. Cierto también, aunque nada del otro mundo con el nuevo equipo digital. Nos dicen que no debemos aspirar a exhibir nuestros trabajos, dado que esta bien mantenernos a la sombra pues el público no gustaría de nuestro material y se espantarían, habría que ver... 

 

                   

El caso es que pretextos no les faltan, aunque son bien claros en cuanto a sus gustos, y nos detestan porque atentamos contra la pasividad del espectador que prefieren; el gordo glotón, la chillona, el voyeurista, el autómata, el fatalista, el pro-yanqui, el apático, el tonto que consume sus revistas y los productos chatarra que generan, “el jodido” como alguna vez lo dijera el propio “tigre” de tigres... ¿no se acuerdan?  Dicen que nuestros videos carecen de la calidad broadcast de ellos, algunas veces si, en el pasado sobre todo, aunque a estas alturas su argumento es falso, dado que hoy en día con los nuevos sistemas digitales se puede tener una alta calidad y además, abaratar mucho en los costos de post-producción que en el pasado ahorcaban. Déjenme explico: Antiguamente para editar se necesitaban dos máquinas reproductoras de video como mínimo, dos de audio, una máquina grabadora, un generador de caracteres, un equalizador de video y audio, una mezcladora audio - video, tres monitores por lo menos, además de un vectoscopio, un TVC y otros. Por supuesto un espacio relativamente grande y bien fresco, para meter todo aquello, más los casetes, más los operadores, dos mínimo. Hoy en día todos esos aparatos están contenidos en una computadora y no se requiere más allá de una mesa extra donde colocar una grabadora de video digital, y si acaso un monitor extra. Dicen que quién nos va a patrocinar... Mmmm. Buena pregunta. ¿Qué tal la sociedad mexicana? Si. Ja ja ja, se burlan. Los patrocina a ustedes güevones, porque no a nosotros. La verdad es que nos tienen pánico y un montón de pretextos para nosotros los sobrevivientes, aunque no somos fáciles. No es gratuito que sólo unos cuantos conozcan nuestros materiales; ya por los festivales de video y cine, por los circuitos marginales de exhibición, o a través de redes independientes de distribución e intercambio; lo mismo la Internet, que de mano en mano.

Somos la anti-televisión, queremos estar al aire: por un proyecto nuevo de cultura, de espectador, de mexicano, de buena onda hertziana...

En México se produce, y se produce mucho si tomamos en cuenta el poco apoyo existente. Hablamos de unas dos mil personas –aproximadamente, ¿o más?- haciendo video independiente y otro número más de gentes haciendo cine–(¿o más?) no existe un censo tampoco-, de otro tanto de universidades, y además, de medianas y pequeñas casas productoras de video. Esto es, muchísimas horas de material audiovisual alternativo a las teranovelas, los programas de humillación, de chismes, de mentiras, de vulgaridad y de soft porno.

 

 

 

 

 

              -II-

 

Los auto denominados “medios de comunicación”, paradójicamente, son los más grandes sensores que existen en nuestra sociedad, aunque usted no lo crea. Le temen al verdadero análisis -que no a la simulación-; a la crítica constructiva -que no a la crítica visceral y obscena-; al debate en todas sus vertientes y sobre todo, a la verdad, al pensamiento y a la inteligencia que es lo más grave...

“Particularmente puedo entender cuando algo es Low-Hi  (calidad básica - alto contenido) y no lo opuesto Hi-Low (alta calidad -bajo contenido)” -dijo alguna vez el artista del video Vito Acconci cuando le cuestionaron su falta de interés por la tecnología de punta. ¿Es más importante la tecnología o el contenido detrás? ¿El maquillaje o la piel real?  

Esta es la historia:  Cuando los inventores de la televisión encendieron su aparatejo y vieron aquella imagen medio borrosa en blanco y negro salir del cinescopio, y parpadear en medio del laboratorio, seguramente ni imaginaban lo que habían creado. Seguramente tampoco sospechaban siquiera el poder que aquel instrumento tendría en los años venideros, ni la influencia que éste tendría en el hombre en cuanto a sus gustos, sus modas, sus productos culturales y vida cotidiana. Seguro estoy también, de que ni por un momento cruzó en sus mentes los billones de dólares que año con año genera esta industria en un circuito que además incluye noticias, revistas –miles de ellas por cierto, ¡agggggg!-, diarios, filmes, libros, programas de radio, publicidad, y miles de etcéteras, billete en síntesis, mucho billete, también en especie claro; Que incluye favores políticos, tráfico de influencias y manipulación ideológica, entre otros. ¿Es eso en el fondo lo que temen perder? ¿Por eso temen a nuestra competencia?

Volvamos a la escena en la que nuestro grupo de científicos dan vueltas alrededor de la primera televisión como un grupo de cavernícolas alrededor del primer fuego; escucho que uno le comenta al otro de las inmensas posibilidades educativas que le observa a la burda pantalla de rayos catódicos; de los cientos de posibles usos de aquella tecnología en la ciencia y la educación a distancia; aunque también en el campo del arte, la distribución y promoción de la cultura, la historia, y básicamente, en el enaltecimiento del humanismo y la verdad en las masas... Corte. La escena queda fuera del script. Los científicos son remplazados por un grupo de hombres de traje que discuten en una gran mesa, mientras una televisión con tetas los mira abierta de piernas; Soft Porno en lugar de Hard News. Banalidad a rabiar en lugar de ideas. Pésimos chistes y parodias sin sentido. El Imperio de la vanalidad. El Yo Supremo desde una fachada luminosa, engañosamente gratuita, dado que nada es gratuito no en este planeta, de acuerdo a su lógica. Sucede que a cuentagotas te dan una historia (dígase telenovela, programa semanal, serie, etc.), mientras cada tres minutos te bombardean con productos que ellos venden indirectamente dado que pertenecen a sus patrocinadores. Hasta aquí sólo te chantajean y según te venden. Después con sus seudo noticiarios –nada neutros por cierto como lo exige la tan manoseada objetividad periodística- y con sus programas de “investigación” u “opinión”, y hasta de concurso, te manipulan y te lavan el cerebro; influyendo en tus opiniones políticas y tus creencias. Y finalmente con sus programas de ficción, telenovelas y reality shows, entran en tu psique, donde poco a poco se enquistan valores, gustos y opiniones; y lo peor de todo, resignación, ansiedad y resentimiento. Si, resignación a lo bestia. La fascinación por las rubias de botella que el pueblo nunca tendrá, los machos arrogantes, las sirvientas que se reproducen, las historias estúpidas y melodramáticas que se repiten vez tras vez, los escándalos políticos, los milagros religiosos, los grandes momentos de actorcillas y actorcetes de malos chistes, y un chingo de fútbol, si señor. ¡Viva la estupidez!  Pero y...  Vergonzoso. ¿No hay quien legisle en este país? ¿Qué tan en el bolsillo tienen los dueños de las televisoras a la Secretaria de Comunicaciones y Transportes y a Gobernación y al Presidente de la República?  A poco no creen. En países como México se hace lo contrario a la lógica: menos presupuesto para el desarrollo científico y tecnológico, para la educación y la cultura en todos sus ámbitos, ya no se diga la contracultura, menos para la preservación y la memoria, menos para la historia, menos y menos... sólo más para ellos. La pregunta obvia es: ¿Cómo esperan que enfrentemos el futuro? ¿Cómo lo enfrentarán las generaciones venideras? Sin recursos energéticos, sin cuadros técnicos de alto nivel, sin flora y fauna, sin dinero en las arcas, sin prestigio, sin historia ni cultura propia, y solo contaminación y pobreza... No es un cuadro nada bueno, y por si no fuera poco, sumidos en la ignominia y el envilecimiento de una televisión degradante y una cultural tóxica; vulgar, enajenante, pasiva, procaz.

¿Cuándo se acabe todo, ustedes políticos y millonarios que carajos van a hacer... encerrarse en sus mansiones de altas bardas sin salir? ¿Emigrar a la luna? ¿Acaso creen que el hambre no los alcanzará... ni el odio de las masas?

 

                      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ANTITLEVISION #  2

 

 

 

 

 

 

"Particularmente creo, soy creyente, aunque no creo en Dios ni en milagros. Creo por ejemplo en las palabras de Bela Bálacz, en cuando a las imágenes en movimiento se refiere: “promovamos una nueva cultura visual que nos devuelva nuestros cuerpos, y sobre todo nuestros rostros que se han convertido en algo ilegible, desprovisto de alma, inexpresivo por el predominio secular del entretenimiento” 

 

 

 

 

 

La antitelevisión es la ruptura con el mensaje unidireccional y la manipulación;  con el concepto comercial del mensaje, pero sobre todo, con el menosprecio por lo verdaderamente cultural y nacional.


alberto roblest

         elspanish@hotmail.com  

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