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    poesía

                                            “La dignidad jalando a su sombra”   

                                                            Iliana Rodríguez  

    Desde la frialdad del pavimento se alza la voz de Alberto Roblest para rescatar identidades del apetito de los monstruos contemporáneos. La identidad se recupera en sus poemas por contraste con la otredad. Más que quienes somos, el poeta investiga como es que aún podemos seguir siendo en una sociedad que se empeña en el funcionamiento impecable de su implacable maquinaria. La maquinaria no se detiene; las piezas que no ajustan, sobran. Se les condena al estorbo y a la inutilidad. Al desempleo o al alcoholismo. Pero es justamente de cara a la condena social que el hombre, dueño de su albedrío, decide no dejar de decidir.

            En principio  se pone en juego el no convertirse pasivamente en un marginado, sino en marginar activamente los absurdos de la modernidad. En las zonas exteriores, el outsider emprende la denodada lucha por reinventar otro código de humanidad. Después de despojarse a sí mismo del vigente, le queda él vació de la destrucción. Desde el vació empieza a rehacerse.

            Los poemas de Alberto Roblest en “Las Andanzas del Huy Huy y el Chichicaxtle con su ñero”, por un lado, dan fe al proceso que va de la caída a la reivindicación. Del rechazo por parte de la alteridad al rechazo de la uniformidad a ultranza. De la destrucción de lo establecido a la creación de estilos de vida más humanos. Del caos generalizado al anhelo del cosmos de una comunidad alterna. Del exilio del país tanto propio como ajeno, al descubrimiento de las fronteras interiores. Y por el otro, constituyen también un testimonio de la angustia. Y más que de la angustia del coraje, entendido como enojo y como fuerza vital. Del coraje del nuevo Icaro que, caído en este mar de asfalto, se transforma en el Hombre Araña “embarrándose / a las fachadas” y de la frustración del nuevo Sancho que pelea con turbinas de viento y rascacielos fuera de su patria.

            Alberto Roblest dota de vigencia mitos y estereotipos al reinterpretarlos en su obra. Icaro deja de ser el símbolo de la soberbia para convertirse en el símbolo de la libertad perdida. Y aún sufre otra metamorfosis nada ovidiana, cuando su tragedia se convierte en tragicomedia y después en comic, al comparársele con el Hombre Araña. Corre la misma suerte Sancho Panza, quien se transforma en un hispanohablante en Nueva York que padece el “racismo en la ventanilla del MacDonald’s” cuando intenta comprar una soda. Otro tanto sucede con la misma Nueva York, a la que nombra el poeta “la ciudad de King Kong”, y también con “el canto de las sirenas mutiladas” que llama al ilusorio económico. Paralelamente a estos personajes, recorren las páginas del poemario figuras urbanas como el ñero, el valedor, el outsider, el macizo, el slamero. Tipos pertenecientes a un grupo alternativo, se presentan como la contraparte de quienes viven en el confort del aire acondicionado. Con alusiones a Proust y a Kafka, Alberto Roblest ahonda en la intertextualidad. La oficina de visas para Estados Unidos es como un “limbo / del que nunca hablo nadie/ en el castillo de Kafka”, a la vez que en busca del tiempo no perdido, sino futuro, tan prometedor como inalcanzable. La intertextualidad se convierte en algunos versos de Roblest en un camino para elaborar una poética y explicitar una postura en cuanto al oficio literario. Si el Quijote ve lo que debería ser en lugar de lo que es, los personajes de Alberto Roblest sufren lo que es por ausencia de lo que supuestamente debería ser: “en vez de Malls / basureros/ en vez de niñas rubias / vestidas a la moda retro / pelonas de hospicio / en vez de realidad virtual / realidad brutual / adversa”. Pero lo que socialmente debería ser no es lo que éticamente debería ser. El ideal no resulta tal. En su ausencia, permanecen las sombras. Contra ellas se pelea también en el campo verbal. Pues si la comunidad descalifica mediante la acuñación de etiquetas como “rechazado”, “desadaptado”, “marginal”, los así motejados contestan con golpes verbales. Las malas palabras –cabria preguntarse como se sabe cuando es buena una palabra- se convierten en un recurso de provocación. A fin de cuentas, resulta más grosero que las groserías “los tropos para quinceañeras”. “Que se vayan a la mierda”, pues, concluye uno de los poemas.

En la lucha contra la insensatez colectiva, los versos se descoyuntan. Sin puntuación, rotos en censuras, se dispersan en el papel para atestiguar el combate y la tensión de fuerzas. En esa tensión, los personajes de estos poemas se caen y se levantan, se rompen y se reconstruyen. La contradicción es su signo; la dignidad su principal divisa. Si la desesperanza abate, la dignidad levanta: “la dignidad jalando a su sombra / como si fuera un perro necio".

                                        Iliana Rodríguez, Casa del poeta, México DF a 5 de abril de 2000             

 


                                                                    Alberto Roblest  (México)

Autor de los libros de poesía: De la Ciudad y otras pequeñeces (editorial Fuego Nuevo 1989), Chicaneando (editorial Claves Latinoamericanas 1992), Del Silencio en las Ciudades (AsaltoalCielo 1998), Ortografía para piromaniacos (AsaltoalCielo 2002) y de las Plaquetes: El Futuro y los Anillos (editorial La Hoja Murmurante/ La Tinta de Alcatraz 1990) y Las Andanzas del Huy Huy Huy y el Chichicaxtle con su Ñero ( Ediciones Mixcoátl 2000) Así mismo, de más de 30 videos de arte que han sido expuestos en diferentes museos, galerías y festivales de México, Europa y los Estados  Unidos, entre los que se encuentran: el Festival der Nationen en Austria, el Cin(E)-Poetry Film and Video Festival en San Francisco, Los Angeles Latino Film Festival, The Bronx Film and Video Festival, the Boston Underground Film Festival,  la IV Bienal de Video México, el Festival Mundial Do Minuto Brasil, la Deuxieme Manifestation Internationale du Video en Montreal,  el Not Still Art Festival en New York y el San Antonio CineFestival en Texas.  

Además de una novela inédita, da los últimos toques a un segundo volúmen de cuentos titulado: “Cuando las bombas dejaron caer a los aviones”.

 

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